jueves, 11 de agosto de 2016

Nos vemos en septiembre

El verano no es la mejor época para lidiar con un blog. El mes de agosto es algo así como el infierno, así que voy a hacer un parón estas dos semanas que nos quedan y regresaré el día 1 de septiembre con entradas nuevas. 

De momento ya tengo dos posts programados (uno sobre Booktube, que he de actualizar atendiendo a una cierta situación reciente; y otro sobre una especie de ¿reto? de lectura que me parece bastante interesante) y confío en programar alguno más, principalmente reseñas, porque no he ido reseñando al mismo ritmo que he leído (menuda novedad, ¿eh?) y hay algunos libros que quiero compartir por aquí.

No tengo pensado introducir ninguna novedad a la vuelta y, de hecho, probablemente el ritmo de publicaciones, que no está siendo muy boyante este año, se vea afectado, pero eso ya lo iréis viendo, me temo, en unos meses. Lo que sí he decidido es hacer alguna que otra reseña múltiple (ya hice una hace unos meses, sobre dos obras de Moderna de Pueblo) , con opiniones más breves (no de las obras que más me hayan impactado, por supuesto), para quitarme libros de en medio cuanto antes. Agradecería que me dijeseis si os parece buena idea o si preferís mantener un menor número de reseñas, pero de mayor extensión y desarrollo.

A la vuelta aprovecharé para pasarme por vuestros blogs (lo hago de Pascuas a Ramos, pero intento hacer las visitas de rigor siempre y, ya sabéis, por mis blogs de referencia me dejo caer casi todas las semanas para ver qué se cuece) y ver qué tal os va.

Espero que estéis disfrutando del verano, tengáis o no vacaciones. ¡Nos vemos en septiembre!


Clara S

sábado, 6 de agosto de 2016

Americanah ǀ Chimamanda Ngozi Adichie

Cuando leo un libro busco disfrutar de un buen rato, arroparme entre sus páginas, perderme en cierto modo. Americanah ha resultado ser un laberinto en el que me he dispersado, experimentando todo tipo de sensaciones a lo largo de la lectura. Incomodidad, vergüenza, simpatía, felicidad, enfado, impotencia… Todo ello sumado a un amor profundo por Chimamanda, a la que he tenido presente como un personaje más mientras leía. Creo que es por eso que me está costando tanto marcarme un esquema mental para organizar lo que quiero comentar del libro; me es harto más difícil expresar una opinión positiva que una negativa o más bien neutra.  Y este es el caso.


Esta reseña va a ser un poco
pukerainbows, pero la ocasión lo merece.
Podría empezar enumerando las bondades de Americanah, pero permitidme que os diga una cosa: Tenéis que leerlo. Porque sí. Porque realmente es una experiencia increíble. Y porque es Chimamanda. Punto.

Pero, más allá de este flechazo que parece cegarme, hay buenas razones para leer el libro

Una buena razón es haber escuchado a la autora en esta charla de TED, charla cuyo texto ha sido transcrito en el librito We Should All Be Feminists (Todos deberíamos ser feministas) y que es francamente interesante y una introducción magnífica al feminismo.  Otra buena razón es querer leer sobre la raza, sobre esa cosa endiablada llamada raza que si eres europeo y blanco te tomas a patraña populista para que las ¿minorías? suban inmeritoriamente en el escalafón social, laboral, etc. También es un motivo de peso gustar de leer historias románticas, pero nada de romances edulcorados en exceso y absolutamente imposibles. Aquí se buscan posibles lectores independientes, trotamundos e inconformistas en todos los ámbitos imaginables. Podría añadir el interés por la inmigración y la respuesta normalmente hipócrita y reticente de los lugareños, pero a lo mejor no es lo que más atraiga a la hora de ponerse a leer.

Y, cómo no, LA RAZÓN con mayúsculas, por qué no, es vivir enamorado del pelo afro, que tiene personalidad propia en este libro.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Twitter, el destornillador moderno

Quién me iba a decir hace un par de años que yo acabaría enganchada a Twitter como jamás lo había estado a ninguna otra red social. Cuando todo el mundo vaciaba los carretes de sus cámaras en Tuenti, yo me dedicaba a otras cosas, tales como dormir, comer, leer y comer (las pequeñas grandes bolas no se forjan así como así). Cuando contar tu vida en Facebook era lo más, cuando Messenger lo petaba, porque sí, porque esa es la expresión para definirlo, en ese momento yo le tenía alergia al ordenador y a internet. Recuerdo, de hecho, que las primeras veces que usé internet fue para ver videoclips de canciones (y me daba vergüenza, no sé por qué; tal vez tuviera que ver que muchos de los vídeos que veía eran de la serie Patito Feo) y para visualizar sus letras. Así que sigue pareciéndome raro ver la conexión que he logrado establecer con Twitter.

No creo que me haya vuelto una adicta, ni mucho menos, pero es la red social a la que más tiempo dedico y, curiosamente, en la que estoy rodeada por muy pocas personas a las que conozco físicamente. De hecho son muy pocas. Es como un oasis de desconexión (a su manera, obviamente) en medio de las interconexiones más brutales y rápidas que hay en la red.

Quizás sea eso, la rapidez, la anonimidad, la facilidad y el amplio abanico de personas con quien comunicar lo que me hayan acercado a Twitter, no lo niego, pero hay muchísimas cosas de las que no me habría dado cuenta de otra forma, y no estoy tan segura de querer participar de ellas.

No soy una persona con un don de gentes excesivo, no me gusta meterme donde no me llaman, opinar sin tener ni la más remota idea de lo que se está diciendo. Pero supongo que una parte notable de la población de Twitter es totalmente contraria a mí. Decidí escribir este post a raíz de una situación extraña que apareció en mi timeline. Una noche de finales de julio, de madrugada, más bien, un hashtag salvaje apareció: #savemarinajoyce. Habría pasado inadvertido, porque no tenía ni idea de quién era esa tal Marina, ni si era una broma, algo de Youtube, etc., pero la gente a la que sigo no dejaba de retuitear y comentar y marcarse una investigación a lo Sherlock Holmes en rigurosísimo directo sobre el tema.

viernes, 29 de julio de 2016

Reseña ¿creativa? : La metamorfosis, de Franz Kafka

Puede que ya hayáis visto La metamorfosis reseñada en el blog, hace bastante tiempo. De todos modos, esta reseña es historia, porque, aprovechando una relectura de la obra y un trabajo que hice sobre ella, os voy  a resubir una entrada enorme pero más completa (creo) al respecto.

Va a ser un post extenso y que se dividirá en 3 partes. En la primera se intenta dar respuesta a algunos de los temas que trata la novela: el absurdo, la soledad, la solidaridad, la incomunicación y la hipocresía. En la segunda, se comenta brevemente la caracterización de los personajes, así como la importancia de la metamorfosis en la obra. La tercera parte es, digamos, opcional. Cuando hice el trabajo se me pidió hacer una especie de reseña creativa de La metamorfosis, y el resultado lo tenéis en el archivo .pdf que os adjunto al final. Es extenso (unas 5 páginas), pero si queréis echarle un ojo, estaré encantada. 


Primera parte: argumento y temas

La historia que relata La metamorfosis es bastante conocida, al menos superficialmente. Hay un hombre que se convierte en bicho, presumiblemente una cucaracha (o tal vez no), de la noche a la mañana, y su familia no sabe qué hacer con él ni como adaptar su vida a la nueva situación. Básicamente esa es la historia que hay detrás de una de las obras más famosas de Kafka; esa misma obra que ahora se está traduciendo como La transformación, porque se dice que es un término más fiel al significado del original Die Verwandlung. Pero, claro, si se lee entre líneas, o con un pizca más de detenimiento, se aprecia que hay todo un iceberg oculto bajo el cubito de hielo que se anunciaba. 

Comentar los siguientes temas ayuda a bucear en pos de dicho iceberg.

lunes, 25 de julio de 2016

Fangirleando sobre Sherlock

Hace aproximadamente siglo y medio que no he actualizado esta sección cinéfila/seriéfila (En pantalla), pero la razón es que no he tenido tiempo ni ganas de ver nada en especial que merezca la pena comentar... Hasta ahora. No me olvido de que está pendiente la entrada sobre Fargo (va a ser un megamix sobre la peli original y las dos temporadas de la serie), pero tengo tantísimas ganas de fangirlear (aunque ya se me han escapado algunos tuits y gifs) sobre Sherlock que tiene que estar en el blog ya. 

Como siempre que publico sobre algo que me ha gustado mucho, la entrada va a ser un completo caos. Lo aviso para que no os volváis locos intentando buscarle un orden coherente a la exposición, porque dudo mucho (salvo que sea por obra del espíritu de Moriarty *guiño guiño*) que dicho orden exista, francamente.


Sobre el Sherlock original

Sherlock Holmes es un personaje que me encanta, pero que no me gusta. Aunque parezca absurdo esto que digo, os prometo que en mi cabeza no lo es. Me parece un detective fantástico, con una personalidad increíble por cuanto es un personaje redondo, con luces y sombras aquí y allá, siempre sorprendiendo (o tratando de) al lector, además de no estar estereotipado (aunque ahora se le pueda considerar el origen del arquetipo del investigador/detective más inclinado a ser tomado como parte del problema que de la solución) y tener una vida un tanto turbia. No obstante, los ideales que encarna, o parte de su personalidad, me resultan bastante desagradables.